En este país sorprende la ausencia de cortinas en las ventanas de casi todas las casas, vas caminando por la calle y como si fueran escaparates puedes ir mirando el salón y la cocina de los vecinos, ver como se levantan y como se acuestan, puedes verles desayunar y sentarse a la mesa, leer el periódico, les ves discutir y abrazarse...tengo el recuerdo haber leído en alguna guía de viajes que todo esto tiene su origen en la cultura calvinista y que se trata de una manera de demostrar a los demás que no tienes nada que ocultar. Comento mi sorpresa con Joyce pero ella no parece darle demasiada importancia, no le entra en la cabeza el interés que pueda tener para nadie la vida de los demás, nunca se ha parado a mirar dentro del salón de su vecino de enfrente pese a tener una vista privilegiada desde la mesa del comedor, no sé si estarán de acuerdo los mariñas, karmeles y demás imitadores, no sé que pensaran todos esos adictos a las vidas ajenas, ávidos consumidores de tomates, salsas rosas y sucedáneos.
Siguiendo con el mismo tema, otra cosa curiosa es la masiva presencia de cámaras en las calles, en las tiendas, en el transporte público...grabando cada instante de la vida de los anónimos ciudadanos que así dejan de ser un poco tan anónimos. No parece haber mucho conflicto con ello, así me lo dice también Joyce. Me viene a la cabeza, que no hace demasiado tiempo se planteó algo similar en las calles de Euskadi para intentar tener bajo control a los descerebrados de la kale borroka, entonces se formó un pequeño escándalo y varios lumbreras lo vieron como una intromisión en la vida privada y un atentado a las libertades individuales...cuanto nos vamos pareciendo a los hijos del Tío Sam y que poco a la vieja europa.
Gracias a la extraña costumbre que tienen por aquí de cerrar todo a las cinco y media, Bea y yo nos hemos quedado con las ganas de practicar una de nuestras mayores aficiones...ir de tiendas, así que entre la hora de cierre y las lluvias perpetuas nos hemos ido prontito para casa a preparar la cena. Como colofón, para variar, una alegre nota musical.

